domingo, 14 de junio de 2026

La inevitable levedad del ser



El camino está cerrado de par en par.


Han dicho que la puerta del otro lado no abre.

Las estrellas se partieron en dos.

Me estrellé contra la espalda del mundo.

Nada tiene sentido.


Escrito está en nuestra herencia:


la inevitable levedad del ser.


Demasiado tonto para ser tonto.


Demasiado absurdo este cielo

lavado en gris.


Demasiado pesadas las lágrimas

que alguna vez descendieron por mis mejillas.


Sin razón.

Sin cordura.


Nada habita arriba,


salvo una estrella roja,


inútil,


encendida entre el principio y el final.


La vida ha elegido la nada.


Y el hombre,

temeroso del vacío,


ha tejido respuestas

para cubrir el abismo.


Todo aquello que importa pesa.


Todo aquello que nos toca

termina atravesándonos.


La estrella cruza el cielo gris.


No sabe de cadenas.


No sabe de nombres.


No sabe de órbitas ni de tiempos.


Habita el Dasein del hombre,

pero rehúsa pertenecer.


Camina despacio,


ligera,


líquida,


como si la libertad consistiera

en no quedarse jamás.


Entonces Saturno.


Silencioso.


Antiguo.


Inevitable.


La encuentra.


La gravedad ocurre.


La estrella gira.


Y vuelve a girar.


Y una vez más.


Sin advertir

cuándo dejó de huir.


Demasiado tonta.


Demasiado líquida.


Demasiado perdida para admitir


que a su luz


termina inclinándose.


Que hay fuegos


de los que ninguna distancia salva.


Que una pequeña llama 


En el lazo izquierdo del pecho 


ha pesado más


Y que ahora,


para siempre,


orbita en el. 

Abandonarse

  Estos días han sido completamente diferentes al resto del tiempo. He estado intentando equilibrar una vida que, a veces, parece no ser la ...