martes, 28 de abril de 2026

Ontología del deshabitar

 Reconciliarme con la idea de no tenerte,

de no habitarte, de no serte,

ha sido un camino lleno de baches.

He intentado seguir

con la certeza incómoda de que no eres mío

y nunca lo fuiste.

Que no puedo impedir que vivas tu vida,

como tampoco puedo esquivar la mía:

mirar otros ojos,

habitar otros cuerpos,

mezclar mi energía con la de otro.

Pero yo,

que recorrí tus caminos,

me pregunto si será sencillo deshabitarte.

Si la tristeza de no vivirte cesará algún día,

si la lluvia en mis ojos aprenderá a descansar.

Siempre me imaginé tuya.

Siempre me entregué completa.

Ahora mi órbita se ha deshecho.

No encuentro en mí razones para odiarte.

Mi cuerpo, debilitado

por el amor que anunciaba como destino,

carga las cadenas

que yo misma forjé,

como si hubiera construido mi propio encierro,

como si la vida no pudiera ser más que esto.

Pero lo es.

Te levantas un día,

es lunes en la mañana

y llueve.

Llueve a cántaros

y no está tu abrigo.

Busco,

y tu voz no retumba en la habitación.

La gata se acerca y me lame,

como si pudiera oler la tristeza.

No escucho música:

en todas se mezclan tus letras.

Es lunes en la mañana,

y la vida,

aun sin ti,

sigue siendo la misma.

martes, 21 de abril de 2026

Nostalgia

La soledad que habito me marchita,

pero aún respiro en el viento

que me nombra y me exhala.

Los árboles, en grietas,

siguen abiertos de par en par.

Alguna vez, en este agujero, hubo flores;

hoy quedan hojas caídas

que, sin saberlo,

empiezan a hacerse bosque.

La niña, enmarañada en el musgo,

se levanta y toca la tierra.

Huele el petricor,

escucha a los pocos pájaros,

y en ese gesto pequeño

regresa.

Regala luz,

tan frágil como la crisálida,

pero insiste.

Una vez hubo agua por montones;

hoy, en el estanco,

quedaban apenas unas gotas.

Entonces llueve.

Esta vez,

¿la tierra responderá?

domingo, 19 de abril de 2026

Poemas sin nombre



 Pudieran mis manos odiar tu cabello.

Pudiera mi voz desteñir tu nombre.

Pudiera mi alma dejar de abrigarte.

Pudiera el odio apoderarse de mí.

¿Puedo olvidar lo que alguna vez fuimos?

¿Puede el ser humano perdonar

la daga con la que él mismo se hirió?

Paralizo el tiempo

con tus manos

sobre mi cuello.

Una voz me llama desde el vacío.

¿Alguna vez me oirá?

Soy un fantasma

en el mundo del otro.

Habito cada rincón

de esta sala vacía,

bailando la melodía de tu lira.

¿Acaso sé quién soy?

Me perdí en esta puerta

abierta de par en par al infinito,

y aun así

me desvanezco en el espacio,

debajo del agua,

como una niña.

¿Alguna vez escucharon mis latidos?

¿Sabe el doctor dónde buscar mi dolor?

Ahí donde estuviste…

¿pueden borrar mis memorias?

Los recuerdos buenos se difuminan.

El corazón dejó de latir.

No es que te extrañe…

no.

Es que no encuentro la salida.

Cementerio

 


Caminan sobre el cementerio

los fantasmas del más allá.

Antes habitaban la tierra,

se daban la mano danzando;

hoy no quedan ni las cenizas

de lo que fueron.

¿Quiénes fueron en el mundo terrenal?

¿Cómo se llamaban?

¿Quién se llevó sus recuerdos?

Alguna vez fueron dos cuerpos

danzando sobre suelo fértil…

¿quién se llevó lo que eran?

¿acaso alguna vez existieron?

Dicen que en su ataúd

fueron enterrados

con los corazones masacrados.

Los pájaros devoraron sus restos

y solo quedó la sombra

de lo que fueron.

Ya no recuerdan sus nombres

ni el tono de sus voces.

Son dos desconocidos

habitando juntos

el mismo ataúd,

el mismo tormento.

Dejaron las llaves de sus almas

hundidas en la tierra.

¿Nacerá de ellas algún árbol

que me cubra del sol?

¿Alguna vez dejaron el ego?

Han muerto.

Perecen en el cementerio

de los espíritus errantes.

Son recuerdos que se arremolinan

como el viento mismo.

Han pasado los años,

las estaciones,

y sus cuerpos siguen intactos:

es el alma

la que permanece quebrada.

¿Alguna vez amarán otras almas

y saldrán de su propia tumba?

Abandonarse

  Estos días han sido completamente diferentes al resto del tiempo. He estado intentando equilibrar una vida que, a veces, parece no ser la ...