jueves, 20 de febrero de 2025

Deconstruyendo el amor imposible.

 Hace unos días he estado divagando, intentando escribir algo: un ensayo, un artículo, un poema, cualquier cosa que me permitiera expresarme. Pero simplemente no sabía qué decir. Así que me sumergí en la rutina, dejando que el día me llevara, permitiéndome vivir en un estado de inercia por un rato.

Hoy, finalmente, decidí escribir. Quiero plasmar un sentimiento que me ronda, algo que vivo actualmente y que, curiosamente, se conecta con el libro que he estado revisando para mis clases: El amor es imposible, de un escritor colombiano. Este libro llegó a mí gracias a un compañero de trabajo, y le agradezco profundamente por habérmelo presentado.

El texto habla sobre la necesidad de deconstruir el amor idílico que nos han inculcado desde siempre. Nos invita a repensar los roles tradicionales que adoptamos cuando nos enamoramos, y lanza una pregunta central: ¿El amor es imposible? Después de leer, subrayar y reflexionar, llegué a una conclusión personal: sí, lo es. Pero esa misma imposibilidad abre el espacio para que los significantes se rearticulen. Si dejamos de pensar en el amor al estilo Disney, en la famosa "media naranja" (una creencia que viene desde los griegos hasta hoy) y empezamos a imaginar una forma de amar menos idealista, más humana, quizá abramos la puerta a un horizonte nuevo, donde amar no tenga límites impuestos.

La verdadera pregunta, sin embargo, es: ¿Somos capaces de deconstruir el amor?

Estos días, después de terminar el libro, me di cuenta de que para mí, deconstruir el amor que he formado a partir de mis expectativas (y las sociales) es el reto más grande que tengo ahora. En el pensamiento lo entiendo, lo justifico; pero en la práctica me siento inmóvil, incapaz. A veces me siento una hipócrita, queriendo una cosa y haciendo otra.

He comenzado este proceso, poco a poco. Deconstruirme, me doy cuenta, requiere un esfuerzo inmenso. Y también requiere que mi pareja quiera hacerlo. En mi caso, ambos idealizamos el amor, lo que lo vuelve más complejo. ¿Por qué nos horroriza pensar en una forma de amar que no implique morir por el otro? ¿Por qué nos asusta imaginar una relación en la que ambos tengamos una vida propia?

Recuerdo que de niña pensaba que, cuando me casara, necesitaría mi propio patio de juegos Ahora, de adulta, necesito "una habitación propia", al estilo de Virginia Woolf, para desaparecer un momento de la tierra y escapar a mundos menos catastróficos. Pero, si vivo por y para mi pareja, ¿dónde quedo yo?

¿Podré permitirme ser independiente de mi pareja? La pregunta me acecha, vuelve una y otra vez, y en algún momento pienso: quizá tenga que conquistarme a mí misma (muy al estilo de la Gran Colombia). En momentos de guerra, es necesaria una estrategia. Y yo, ahora, me encuentro de frente conmigo misma.

Abandonarse

  Estos días han sido completamente diferentes al resto del tiempo. He estado intentando equilibrar una vida que, a veces, parece no ser la ...