jueves, 28 de mayo de 2026

Anatomía de un amor

 


Es complejo darse al amor por completo,

sobre todo cuando eres tú quien escribe,

quien recita,

quien baila dando vueltas por el salón

mientras espera la mano del otro.


Porque amar también es eso:

esperar.


Pero el amor es un sentimiento precisamente porque se transforma,

porque se recorre de lado a lado,

porque te paraliza en el patio trasero como un rayo,

te eriza la piel

y nunca anuncia su llegada.


Y así como llega, se va.


No avisa su salida.

Simplemente un día llueve

y las gotas caen sobre tu cabello.

Te tocas

y estás sola,

parada en la Avenida,

mirando un charco que no es tuyo

pero donde todavía eres tú,

Un recuerdo de lo que era. 


El amor es amor porque no puede comprenderse del todo.

No existe una palabra exacta para nombrarlo.

Es simplemente lo que es:

un beso que de pronto ya no sabe a nada

mientras esperas el bus en la estación con las manos entrelazadas.


una mirada furtiva de tu amigo; que ya no es tan amigo. 


un golpecito en la cabeza,

un empujón lleno de rabia;

un masaje en el cabello,

un abrigo que todavía le pertenece

y sigue oliendo como él. 


Correr por la calle tomados de la mano.

Tomar un taxi con rapidez.

Abalanzarse sobre su cuerpo

en un cuartito pequeño.


Lavarse juntos los dientes.

Llorar de tristeza.

Recitar versos de odio.

Escribir poemas para un blog.

Rascarse el cuerpo con sal y limón, 

Limpiar lo que queda. 


Gritarse mutuamente en un aullido

solo para sentirse.

Quedarse inmóviles en el piso, esperando que llegue la calma, que no llega del otro. 


Escuchar una canción en la ducha. 

Oler su perfume.

Correr a sus brazos.

Besar sus labios.

Acariciar sus mejillas.

Mirar profundamente sus ojos.

Caminar juntos en la misma dirección y 

Perder tus cosas en el camino.


Dormir dos días seguidos abrazados.

Tararear una canción que alguna vez le dedicaste mientras te llenas de lágrimas. 


Y después,

besar unos labios

que ya no saben a nada.

Porque el amor también es eso.

Es quedarse

cuando todo dentro de ti ya se fue.

Es mirar al otro

y no encontrar el mismo rostro.

Es sentir ternura y rabia al mismo tiempo.

Es querer huir

y aun así extrañar.

Es aceptar que algo murió

sin dejar de sentirlo vivo dentro del pecho.


Porque el amor no deja de ser amor

solo porque duela.

Ni porque se desgaste.

Ni porque se convierta en costumbre, nostalgia, silencio o vacío.

Sigue siendo amor

incluso cuando deja de parecerlo.

Y quizá esa sea su tragedia.

Que muta.

Que hiere.

Que permanece.

Que incluso después de todo,

nos sigue incendiando el cuerpo.

Y aun así,

volvemos.

martes, 19 de mayo de 2026

En una sociedad que evita, yo quiero sentir

 En una sociedad que evita la emoción de estar viva,

yo quiero sentir mi respiración hecha latido.

En una sociedad que niega el intenso mundo interior,

yo quiero recitar poesía barata a los míos.

En un mundo donde el amor es una tragedia,

yo deseo tener un alma que arda por el otro.

En una sociedad enmarañada de muertos vivientes

que sobreviven cubriendo el sustento diario,

yo necesito sentarme a escribir, a cantar, a leer, a actuar, a ser.

Quiero que mi espíritu recorra las cordilleras

como un mar de sangre,

de mi gente, de mi rabia.

Necesito creer que existe un mundo

donde pueda sentarme a sentir,

llorar, gritar y sufrir;

donde el “ser” y el “estar”

no sean un problema de lesa humanidad,

donde los narcóticos no tengan cabida.

En un mundo lleno de opioides y gentes sapientísimas,

yo no quiero pensar:

quiero incendiarme con el fuego

y vivir quemada.

En un mundo donde la vida es ridículamente fugaz,

yo quiero sentarme a mirar el cielo

asomarse en la madrugada.

Quiero imaginar un mundo

donde me sea permitido sentir mi pulso

y respirar tranquila.

Dejar de ver en las calles

a los locos no tan locos

y a los no tan locos demasiado locos,

todos huyendo de lo demasiado humano,

despreciándose a sí mismos.

Y a los cínicos,

callarles de la boca la poca palabra.

Quiero cansarme al correr,

acurrucarme a llorar,

detener el reloj social.

Quiero vivir cada momento

sin buscarle significado,

matar la hermenéutica

y sentir, sentir, sentir.

Quiero ser.

Poder ser, quizá.

Quiero gritar

hasta que mi corazón explote.

Que los lobos corran

mientras yo me quedo aquí,

pidiéndole a la luna un último deseo:

“Quiero estar viva.

Viva, viva, viva.”

domingo, 17 de mayo de 2026

Nadaista

 


Estoy acostada y mi cuerpo se sostiene sobre la cama.

Siento cómo se me araña el corazón,

culpa de una yo pasada.


Me siento un objeto roto,

sin esperanza, sin atisbo de reparación.

Nadie conserva lo viejo y dañado.


He juntado, con ayuda de algunos, los retazos que me quedaban.

He pintado con ayuda del color un cielo gris.

Un cielo gris que no se despeja,

turbio y eclipsante.


Me atrapa sobre mi almohada el olor de mi pasado,

de una mancha sucia que me rodea todo el cuerpo.


Soy un último suspiro.


Me he convertido en algo que desconozco.


—¿Quién eres tú? —me pregunta P,

sin entender la gravedad del asunto.


—No sé quién soy, quién fui, quién seré.

No quiero saberlo.

No deseo crear algo.

Ya no soy.


Y entre mis lamentos me pregunta por mi mancha.


—¿De dónde proviene tu mancha?


Del oscuro sigilo de la noche.

De los fantasmas que corren de mí despavoridos.


Mientras mi madre llora y ora.

Llora y ora.


—¿Quién eres tú? —pregunta mientras me señala un espejo.


—Humo.

Abandonarse

  Estos días han sido completamente diferentes al resto del tiempo. He estado intentando equilibrar una vida que, a veces, parece no ser la ...