Es complejo darse al amor por completo,
sobre todo cuando eres tú quien escribe,
quien recita,
quien baila dando vueltas por el salón
mientras espera la mano del otro.
Porque amar también es eso:
esperar.
Pero el amor es un sentimiento precisamente porque se transforma,
porque se recorre de lado a lado,
porque te paraliza en el patio trasero como un rayo,
te eriza la piel
y nunca anuncia su llegada.
Y así como llega, se va.
No avisa su salida.
Simplemente un día llueve
y las gotas caen sobre tu cabello.
Te tocas
y estás sola,
parada en la Avenida,
mirando un charco que no es tuyo
pero donde todavía eres tú,
Un recuerdo de lo que era.
El amor es amor porque no puede comprenderse del todo.
No existe una palabra exacta para nombrarlo.
Es simplemente lo que es:
un beso que de pronto ya no sabe a nada
mientras esperas el bus en la estación con las manos entrelazadas.
una mirada furtiva de tu amigo; que ya no es tan amigo.
un golpecito en la cabeza,
un empujón lleno de rabia;
un masaje en el cabello,
un abrigo que todavía le pertenece
y sigue oliendo como él.
Correr por la calle tomados de la mano.
Tomar un taxi con rapidez.
Abalanzarse sobre su cuerpo
en un cuartito pequeño.
Lavarse juntos los dientes.
Llorar de tristeza.
Recitar versos de odio.
Escribir poemas para un blog.
Rascarse el cuerpo con sal y limón,
Limpiar lo que queda.
Gritarse mutuamente en un aullido
solo para sentirse.
Quedarse inmóviles en el piso, esperando que llegue la calma, que no llega del otro.
Escuchar una canción en la ducha.
Oler su perfume.
Correr a sus brazos.
Besar sus labios.
Acariciar sus mejillas.
Mirar profundamente sus ojos.
Caminar juntos en la misma dirección y
Perder tus cosas en el camino.
Dormir dos días seguidos abrazados.
Tararear una canción que alguna vez le dedicaste mientras te llenas de lágrimas.
Y después,
besar unos labios
que ya no saben a nada.
Porque el amor también es eso.
Es quedarse
cuando todo dentro de ti ya se fue.
Es mirar al otro
y no encontrar el mismo rostro.
Es sentir ternura y rabia al mismo tiempo.
Es querer huir
y aun así extrañar.
Es aceptar que algo murió
sin dejar de sentirlo vivo dentro del pecho.
Porque el amor no deja de ser amor
solo porque duela.
Ni porque se desgaste.
Ni porque se convierta en costumbre, nostalgia, silencio o vacío.
Sigue siendo amor
incluso cuando deja de parecerlo.
Y quizá esa sea su tragedia.
Que muta.
Que hiere.
Que permanece.
Que incluso después de todo,
nos sigue incendiando el cuerpo.
Y aun así,
volvemos.

