martes, 19 de mayo de 2026

En una sociedad que evita, yo quiero sentir

 En una sociedad que evita la emoción de estar viva,

yo quiero sentir mi respiración hecha latido.

En una sociedad que niega el intenso mundo interior,

yo quiero recitar poesía barata a los míos.

En un mundo donde el amor es una tragedia,

yo deseo tener un alma que arda por el otro.

En una sociedad enmarañada de muertos vivientes

que sobreviven cubriendo el sustento diario,

yo necesito sentarme a escribir, a cantar, a leer, a actuar, a ser.

Quiero que mi espíritu recorra las cordilleras

como un mar de sangre,

de mi gente, de mi rabia.

Necesito creer que existe un mundo

donde pueda sentarme a sentir,

llorar, gritar y sufrir;

donde el “ser” y el “estar”

no sean un problema de lesa humanidad,

donde los narcóticos no tengan cabida.

En un mundo lleno de opioides y gentes sapientísimas,

yo no quiero pensar:

quiero incendiarme con el fuego

y vivir quemada.

En un mundo donde la vida es ridículamente fugaz,

yo quiero sentarme a mirar el cielo

asomarse en la madrugada.

Quiero imaginar un mundo

donde me sea permitido sentir mi pulso

y respirar tranquila.

Dejar de ver en las calles

a los locos no tan locos

y a los no tan locos demasiado locos,

todos huyendo de lo demasiado humano,

despreciándose a sí mismos.

Y a los cínicos,

callarles de la boca la poca palabra.

Quiero cansarme al correr,

acurrucarme a llorar,

detener el reloj social.

Quiero vivir cada momento

sin buscarle significado,

matar la hermenéutica

y sentir, sentir, sentir.

Quiero ser.

Poder ser, quizá.

Quiero gritar

hasta que mi corazón explote.

Que los lobos corran

mientras yo me quedo aquí,

pidiéndole a la luna un último deseo:

“Quiero estar viva.

Viva, viva, viva.”

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